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Victoria Ocampo y Virginia Woolf se conocieron por primera vez en Londres a fines de 1934. Cómo nos cuenta Manuela Barral -en el prólogo que da comienzo al libro Correspondencia. V. Ocampo y V. Woolf, editado por Rara Avis- para ese entonces Woolf ya era reconocida como escritora: había publicado, por ejemplo, su famosa novela Orlando (1928) y su ensayo, Un cuarto propio (1929), textos que posteriormente enviaría a Ocampo para publicar en la editorial que esta había fundado, SUR. Por otro lado, en la fecha que se conocieron, Ocampo se abría paso en un mundo intelectual sumamente patriarcal cómo era la argentina de esa época.

La amistad entre ambas intelectuales se mantuvo prácticamente de manera epistolar, ya que en los años que entablaron comunicación (1934-1940), sólo se vieron físicamente tres veces. Este libro logra reunir por primera vez dicha correspondencia, entregándonos un pedacito de la magia de cada una de ellas: la pluma exquisita de Ocampo y su admiración por Woolf, la cotidianidad de Virginia, los viajes realizados por ambas, sus procesos de escritura, y más.

Definitivamente cuando comenzás una carta, queres leer la otra, y no paras hasta terminarlas. Si tuviese que elegir sólo una creo que elegiría la que corresponde a Victoria, con fecha del 5 de diciembre de 1934: la forma en la que le habla a Virginia y la metáfora del hambre que propone, me parece sumamente bello. Les dejo un fragmento de la misma: “Quiero decir que nuestra hambre es un elemento muy importante, que las cosas no existen realmente para nosotros sino cuándo y porque tenemos hambre de ellas, y en la medida de que esta hambre sea intensa” (pág. 30).

Virginia no solo logró ser fuente de admiración para Ocampo, sino que además, se convirtió en una de las personas que la animó para que su escritura biográfica tome sus riendas (recordemos que Ocampo escribió VI tomos de sus testimonios y VI de su autobiografía). En la Carta del 22 de diciembre de 1934, Woolf le dice: “Espero que continúe con Dante, y luego con Victoria Okampo. Hasta ahora muy pocas mujeres han escrito autobiografías veraces. Es mi forma favorita de lectura (quiero decir, cuando soy incapaz de un Shakespeare, y una muy a menudo lo es)” (pág. 47). Tal fue el impacto de estas palabras en Victoria, que sus testimonios inician con una carta a Virginia Woolf, que es otra de mis cartas favoritas, y por suerte esta edición la agregó hacia el final, en el apéndice de libro. Además, en el ensayo de Ocampo: Virginia Woolf en su diario, que también forma parte de esta edición, Victoria admite que las memorias le provocan curiosidad y las denomina cómo bombas de tiempo que uno no se atreve a lanzar al público en vida. Imposible leer esto sin pensar en la explosión literaria que la autora nos dejaría años después, dando un claro reflejo de la sociedad, el mundo intelectual y el rol de la mujer a través los seis tomos que componen su  Autobiografía.

De esta manera, el prólogo de Barral, las cartas de ambas autoras y el ensayo de Ocampo dan como resultado esta edición preciosa, que permite a los lectores adentrarse en las vidas de dos intelectuales y mujeres increíbles. Y que tenemos el placer, de que una de ellas sea argentina.

Giuliana Montini
Giuliana Montini tiene 24 años, vive en Argentina y estudia Letras Modernas con orientación en Literatura Argentina y Latinoamericana, en la Facultad de Filosofía y Letras en la UBA. Algunas de sus actividades favoritas son leer, escribir, ir al cine/teatro y… actualmente formar parte de Letra Crítica.

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